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Los niños dan mucho trabajo pero también muchas alegrías. Son sinónimo de alegría, jovialidad, diversión, inocencia, esfuerzo… y muchas sensaciones gratas que nos llenan de vida. Con el cese de la vida laboral, para muchos mayores, el día a día transcurre de una forma más lenta y aburrida. Ya no tienen la actividad que tenían antes y eso les hace sentir un poco menos útiles.

Para muchos, ocuparse de los nietos, en una justa medida, llega a ser enriquecedor y lo toman con muy buena acogida. Son conscientes de que los niños les transforma la vida y los llenan de cosas positivas:

Los niños tienen una energía positiva que se contagia, al igual que las risas. Sus actitudes graciosas y cómicas hacen reír a los mayores, lo cual, es enormemente saludable.

Los abuelos se sientes más útiles cuando llenan su tiempo libre con el cuidado de los nietos, aunque siempre lo más correcto es hacerlo en una justa medida, para que éstos no se sientan esclavos de un ritmo de vida estresado. Al estar activos, los abuelos se sienten mejor tanto física como psicológicamente.

El abrazo y los besos y mimos de un niño no tienen precio. El amor y el cariño que trasmiten son muy beneficiosos para los mayores. Y son capaces de hacer evadir los problemas con una simple sonrisa.

Los abuelos acaban aprendiendo de todas aquellas cosas que rodean y les interesa a los niños, desde los juegos, los animales, la música… Y sobretodo enseñan a ver el mundo desde la mirada más amable. Los niños enseñan a valorar los pequeños detalles de la vida, y a darle importancia a cosas que antes pasaban inadvertidas.